Todo cambia... incluso la idea de que todo cambia.
Meditando me he dado cuenta lo increíblemente variables que pueden ser las percepciones.
Cómo un día puedo ver las cosas de una manera y al siguiente de otra.
Y no sólo eso, sino también, cómo influye en mi forma de pensar y consiguiente actuar las clases que tengo en la Universidad, el cómo piensan los profesores (con los que no necesariamente debiera considerar como certeros solo por tener ese rol).
Cómo un día ser torna gris o de color dependiendo de la situación, de lo que vivo y lo que escucho.
Cómo una sesión con mi psicóloga me puede dejar viendo las cosas de forma totalmente diferente.
Si todo esto varía tanto ¿Valdrá realmente la pena aferrarme a rigideces? A pensamientos firmes... a creencias... que las cosas son así o son de otra manera.
Pareciera ser... que no hay nada de qué agarrarme realmente.
Puedo creer que soy tímida porque me cuesta hablar con la gente (sobre todo si se trata de alguna persona que me gusta), y aún así, hay momentos en que me atrevo a hacer cosas, días en que "soy" más social ¿Seré tan tímida entonces? Quizás no tanto.
Será tal vez, que mientras menos me aferre a estos puntos de referencia para juzgar lo que soy o limitar lo que alguien más puede ser, más libre me hará a mi y a otros.
Y si dejo de hacer eso, vuelvo a estar en el presente. Vuelvo a dejar que las personas sean lo que son y mis ojos se abren a contemplar lo que la hermosa realidad, en total honestidad, es.
